El Vacío que Dejas

No estás y eso duele. Te fuiste y no me dijiste nada. ¿Por qué desapareces? ¿Cómo iba a saber que era el último adiós si nunca me dijiste que te ibas? ¿Por qué lo hiciste así? Tantas preguntas se quedaron en mi mente. Ya no tendré quien me las responda. No entiendo nada aún. Quisiera que todo fuera irreal y que tú entraras por esa puerta con todo el carisma que aportabas. Tu ausencia afecta a muchos. Fuiste quien nos hizo reír en días de tormentas. Tus payasadas y locuras no se me olvidan. El cómo me llamabas con ese acento tuyo que no se me sale de la cabeza. Recordaré cada abrazo como si estuvieras aquí. ¿Dónde estás? Me hago esa pregunta como en el momento en que me dijeron que ya no estarías. Tu cuerpo está en la tierra, aunque no debería ser así. No quiero olvidarte por lo mucho que te quise. Le pediría a Dios que te trajera de vuelta, pero eso sería algo muy caprichoso de mi parte. Sin embargo, si tuviera un deseo, sería rebobinar el tiempo al último segundo en que te vi para poder decir adiós como se debe y expresarte lo lindo que fue tenerte. Cada día verte me va a hacer falta, tu humor y los chistes malísimos que solo tú entendías. Adiós viejo amigo, siempre te tendré en mente.

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